Devocional

En el momento más oscuro (y siempre), ora (Lucas 22:39-46)

Lectura: Lucas 22:39-46

 

‘Saliendo Jesús, se encaminó, como de costumbre, hacia el monte de los Olivos; y los discípulos también lo siguieron. Cuando llegó al lugar, les dijo: «Oren para que no entren en tentación». Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra, y poniéndose de rodillas, oraba, diciendo: «Padre, si es Tu voluntad, aparta de Mí esta copa; pero no se haga Mi voluntad, sino la Tuya». Entonces se apareció un ángel del cielo, que lo fortalecía. Y estando en agonía, oraba con mucho fervor; y Su sudor se volvió como gruesas gotas de sangre, que caían sobre la tierra. Cuando se levantó de orar, fue a los discípulos y los halló dormidos a causa de la tristeza, y les dijo: «¿Por qué duermen? Levántense y oren para que no entren en tentación».’

 

Lucas nos permite asomarnos a los momentos más íntimos de la pasión de Nuestro Señor.

La hora decisiva se acerca. La noche ha llegado, y en las tinieblas se mueven los que aman la oscuridad, los que preparan la traición y la infamia.

Sabemos que lo que ha de suceder no sorprenderá al maestro. Él lo ha anunciado, y es necesario que así se cumpla.

Podríamos meditar acerca de varias cosas en este pasaje, pero me gustaría invitarte a fijar tu atención en cómo el Señor enfrenta su hora más angustiante.

Hace algo que es habitual en Él: Jesús, nos dice Lucas, se retira a orar, al Monte de los Olivos, como de costumbre. La respuesta natural del Señor ante este momento no es un recurso final, es aquello que lo ha sustentado todo este tiempo. La oración, una manifestación de la dependencia del Maestro del Padre, es habitual, natural. No esperes las circunstancias difíciles para buscar a Dios. Que en tu vida sea natural vivir orando en todo tiempo. Y entonces, cuando la prueba venga, estar de rodillas no será algo extraño en tu vida. 

No esperes las circunstancias difíciles para buscar a Dios. Que en tu vida sea natural vivir orando en todo tiempo.

Busca su fortaleza en la comunión con el Padre: Cuanto mayor era su agonía, con mayor intensidad oraba. Y un ángel lo fortalecía. Cuando los vientos son más recios, ¿adónde elevaremos nuestra mirada sino al Señor? No desfallezcamos. Nuestra fortaleza no puede venir de nosotros mismos, sino del Único que es firme. La oración no hace desaparecer mágicamente los problemas, no es una forma de escaparse de ellos, sino que podemos derramar delante de nuestro Dios nuestras tristezas, dolores y angustias, y sabernos escuchados. La oración nos ayuda a descansar en Su Voluntad.

Nuestra fortaleza no puede venir de nosotros mismos, sino del Único que es firme.

Nos enseña que necesitamos orar: Los discípulos estaban tristes, sin ánimo. Y entonces el Señor les da esta valiosa lección. Ora siempre, vive en dependencia del Señor cada día. Y sobre todo, en el día de la angustia. Las dificultades pueden nublar nuestro entendimiento, pueden hacernos pensar que Dios no está cercano, que Él no comprende nuestro dolor, o por el contrario, que Él sí entiende que no oremos tanto en esos momentos. Pero no, mi hermano. Cuando la noche es más oscura, busca más a Dios. Lo necesitamos siempre, y en medio de la confusión, lo necesitamos más.

Cuando la noche es más oscura, busca más a Dios. Lo necesitamos siempre, y en medio de la confusión, lo necesitamos más.

 

PARA PENSAR: Si en el momento de mayor dificultad el Señor mostró su debilidad ¿Cómo podemos pensar nosotros que podemos vivir de manera autónoma, sin buscar al Señor en cada instante de nuestras vidas?

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